Acerca de Nosotras
Quiénes Somos
Mujeres consagradas al servicio de Cristo en los pobres.
Somos las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres, una congregación religiosa fundada como respuesta al sufrimiento de los más abandonados. Inspiradas por San José María de Yermo y Parres, consagramos nuestra vida a amar, reparar y servir al Corazón de Jesús mediante una vida de fe y servicio.
A través de la oración y la acción, buscamos servir a Cristo en nuestros hermanos, especialmente en los pobres, promoviendo la caridad, la dignidad y la esperanza allí donde somos enviadas.
La Fundación
Nacida de la compasión y la confianza en Dios.
Nuestra Congregación nació el 13 de diciembre de 1885, en León, México, de una respuesta sencilla y compasiva al sufrimiento de los pobres. San José María de Yermo y Parres no se propuso fundar un instituto religioso, sino atender con caridad y fe las necesidades urgentes del lugar. Acompañado por un pequeño grupo de mujeres dispuestas a entregar su vida en el servicio, este humilde comienzo se sostuvo con oración, sacrificio y confianza en la providencia de Dios, convirtiéndose en la semilla de una Congregación en crecimiento.
Un Comienzo Forjado por la Fe y el Servicio
- Fundada en el Asilo del Calvario, en León, México
- Comenzó con un pequeño grupo de mujeres valientes
- Arraigada en el servicio a los más pobres y abandonados
- Sostenida por la oración y la adoración eucarística
- Marcada por el sacrificio, la sencillez y la confianza en la Providencia
Nuestro Carisma
Una vida forjada por la misericordia, el amor y el servicio.
Nuestro carisma es la expresión viva del espíritu de nuestro Fundador, moldeado por la configuración con Cristo Servidor y Misericordioso. Se vive a través de una espiritualidad de amor y reparación, y del servicio evangélico a los más pobres y necesitados, respondiendo a su sufrimiento con fe y compasión.
Desde el principio, por voluntad de nuestro Fundador, la Congregación quedó bajo la protección del Sagrado Corazón de Jesús. Confiando plenamente en su misericordia, nuestra comunidad nació con humildes medios humanos, pero con una fe inquebrantable, segura de que el amor tomado del Corazón de Cristo sostendría y guiaría su misión.
El amor misericordioso que brota del Corazón de Jesús nos llama a ser presencia misericordiosa de Dios entre los demás. Esta misericordia se vive primero dentro de nuestra comunidad y luego se irradia hacia los pobres que nos son confiados, hacia quienes sufren, hacia quienes están lejos de Dios y hacia todos los que necesitan de su misericordia infinita.
